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La humedad en el interior de
los habitáculos afecta a todos los seres vivos,
personas, animales y plantas que los habitan y
también a los objetos y materiales que contienen. Si
la humedad es excesiva se condensa agua en las
superficies frías, paredes y cristales, y perjudica
a los habitantes por la formación de mohos y
proliferación de bacterias y virus, deteriorando a
la vez los muebles, pinturas y paredes de la casa.
Por contra, si la humedad es muy baja afecta a las
gargantas con la conocida sensación de boca seca y a
las mucosas de las personas, resquebrajando las
maderas y materiales del interior.
La calidad del aire interior de un edificio depende
de:
-
De la calidad del aire
aportado por la ventilación desde el exterior.
Puede que sea de gran pureza como el de
ambientes rurales o muy contaminado por las
industrias o el tráfico de las grandes ciudades.
-
De los materiales de
construcción de las viviendas, adhesivos de los
tableros y revestimentos, moquetas,
formaldehídos, fibras, cortinajes, etc.
-
De las actividades que se
desarrollan en su interior como el cocinar, los
procesos de limpieza, uso de aerosoles,
combustión, etc.
-
De la ocupación por seres
vivos, animales y plantas: la respiración, el
olor, humo de tabaco, etc.
-
De la temperatura.
-
De la humedad.
De todo ello, en esta Hoja Técnica nos ocuparemos
exclusivamente de la Humedad, o sea, del contenido
de agua en el aire, aunque de forma accesoria se
mencionen los demás aspectos del problema.
La humedad producida por procesos industriales debe
controlarse por instalaciones adecuadas, de magnitud
industrial también. Aquí trataremos de la humedad en
viviendas, oficinas y locales de residencia humana y
que puede controlarse por procedimientos de
ventilación, natural o forzada, que a la vez pueden
resolver los problemas de todos esos otros factores
de contaminación a que nos hemos referido.
El hombre produce de tres a cinco litros de vapor de
agua al día, a la que tenemos que añadir el vapor
desprendido de los alimentos al cocinar, de los
baños y duchas, del lavado de la ropa y tendido
interior de la misma, del desprendido de plantas, de
los materiales de construcción, de las filtraciones
y demás.
La gráfica de la Fig. 1 muestra lo pernicioso que
resultan los valores extremos de la humedad. Podemos
considerar como zona óptima la comprendida entre el
40 al 60% de humedad relativa.

Creemos
conveniente recordar qué se entiende por humedad del
aire según el concepto que se usa en
acondicionamiento y en meteorología. El agua en el
aire está en forma de vapor, es agua en su fase
gaseosa. El aire se llama saturado de humedad cuando
se mantiene en equilibrio en presencia de agua
líquida, o sea, que no hay trasvase de vapor a
líquido y viceversa. A cada temperatura le
corresponde una cantidad de vapor distinta para la
saturación. Humedad relativa es el cociente entre el
peso del vapor de agua que contiene una masa de aire
y el que le corresponde cuando está saturada a la
misma temperatura. Esta expresión se usa en tanto
por ciento y se indica como Z%. Ver la Hoja Técnica
de nuestro Boletín S&P, 1/1996.
El cuerpo humano
produce calor y desprende vapor de agua. Ambos debe
volcarlos al ambiente, el calor por convección y el
vapor por la transpiración. Este proceso puede ser
facilitado o interferido por la cantidad de agua
existente en el aire y por ello tendremos la
sensación de bienestar, confort, o la ausencia del
mismo. Esta sensación variará también según sea la
actividad del cuerpo, en reposo o trabajando. Otro
factor que influye poderosamente es el movimiento o
velocidad del aire en el ambiente. Un aire en reposo
o bien circulando a una cierta velocidad hace variar
la sensación del bienestar.
Así pues podemos
concluir que Temperatura, Humedad y Velocidad del
aire son los tres factores que determinan un
ambiente confortable. Damos por supuesta la pureza y
limpieza del aire.
Se han realizado
numerosas experiencias con un gran número de
individuos sometiéndoles a diversos ambientes,
recogiendo sus opiniones y estudiando sus
reacciones. Para objetivar los resultados se han
tenido que establecer unos indicadores o parámetros
que puedan correlacionarse con el concepto de
confort.
Uno de ellos es
la Temperatura Efectiva que es la que señala un
termómetro seco inmerso en un ambiente llamado
equivalente, esto es, que produzca la misma
sensación de frío o calor, cumpliendo las
condiciones de tener el aire en reposo, saturado de
humedad y las paredes y el suelo a la misma
temperatura. Como resultado ha llegado a
establecerse un diagrama llamado De Confort,
representado en la Fig. 2, en el que se ha
determinado unas zonas probables de confort de
verano e invierno. Como se comprenderá, es un
producto de base estadística, por lo que es posible
que sus valores no sean válidos para todo el mundo,
pero sí que constituyen una base de partida para
conocer la confortabilidad de un ambiente.

Como complemento
al gráfico facilitamos una tabla que, en función de
las temperaturas de termómetro seco y húmedo, da las
humedades correspondientes de un ambiente.
ASHRAE,
asociación americana de climatización define un
clima húmedo como aquél en el que la temperatura de
bulbo húmedo es de 19 ºC o mayor durante 3.500
horas, o 23 ºC durante 1.750 horas o más, durante
los seis meses consecutivos más calientes del año.
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