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Puede
resultar útil definir algunos conceptos y exponer
los comportamientos de los líquidos, vapores y gases
en circunstancias de inflamabilidad y explosión para
exponer después el control que puede ejercerse con
una ventilación adecuada de las atmósferas
conteniendo tales elementos.
Los líquidos en si no son inflamables, son los
vapores que de ellos se desprenden los que con
aplicación de una llama o chispa provocan el fuego o
la explosión. Estos vapores precisan de una
determinada proporción de aire y la presencia de una
fuente de ignición para entrar en inflamabilidad.

Así, los vapores de la gasolina deben estar
presentes de un 1,4% al 7,6% en un volumen de aire
para explosionar. Por ello es necesario mantener la
gasolina líquida en recipientes estancos y reducir
al máximo su contacto con el aire durante su manejo.
Las técnicas de prevención de incendios y
explosiones se basan en eliminar las fuentes de
ignición, evitar el contacto con el aire, hacer un
almacenaje estanco de los líquidos, emplear una
atmósfera de gas inerte y usar una ventilación
adecuada para diluir las mezclas e impedir
concentraciones de gases inflamables.
La gasolina no es el único líquido que emite vapores
inflamables a temperatura ambiente. En la tabla del
final de la hoja figuran otros muchos líquidos
combustibles e inflamables de uso común.
Punto de inflamación, temperatura de ignición,
límites de inflamabilidad, índice de evaporación,
reactividad al calor, densidad, índice de difusión,
amén de otros factores deben tenerse en cuenta para
una correcta evaluación del riesgo a que estamos
expuestos. Cuando el incendio se ha declarado o la
explosión se ha provocado, todos estos factores
pierden importancia y el control del siniestro pasa
a otro nivel.
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